COPA SUDAMERICANA: Independiente tiene un reto con la historia y el presente

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De las 16 copas Sudamericana , la de este año tendrá la final más prestigiosa de la competencia. Independiente y Flamengo , dos de los equipos más grandes del continente, se disputarán una llave de antología. Nunca antes en la corta historia de este torneo, que se juega desde 2002, se había dado un cruce de última instancia con dos instituciones tan convocantes. Esta noche, en Avellaneda, y la semana que viene, en el mítico Maracaná, habrá una lucha reservada sólo para gigantes.

Aunque Flamengo no es un equipo que se destaque por sus logros internacionales, es el más popular de Brasil. Independiente, uno de los cinco grandes del fútbol argentino, es el club más ganador de la Copa Libertadores y ya cuenta con una Sudamericana en sus vitrinas. El recuerdo de la final de la Supercopa de 1995, cuando los Rojos se consagraron en el Maracaná, es una espina que el Mengão quiere quitarse.

En aquella Supercopa, Independiente, con goles de Mazzoni y Domizi, ganó de local 2 a 0 y consiguió una buena ventaja para encarar la vuelta. En Río de Janeiro, con un tanto de Romario, el equipo de Avellaneda cayó 1 a 0, pero le alcanzó para dar la vuelta olímpica.

Independiente consiguió su último título luego de derrotar a un equipo brasileño en la final. En diciembre de 2010, el conjunto de Antonio Mohamed se impuso sobre Goiás y se adjudicó su primera Sudamericana. Tras un empate global 3 a 3, ganó 5 a 3 en los penales y le dio forma a lo que fue un título incrustado entre los peores años de la historia del club.

De los 16 torneos, en 12 hubo un equipo argentino que llegó a la final. Boca (en dos oportunidades), River (dos), Independiente (dos), San Lorenzo, Arsenal, Estudiantes, Tigre, Lanús y Huracán alcanzaron la última instancia. Seis de esos equipos salieron campeones: San Lorenzo (2002), Boca (2004 y 2005), Arsenal (2007), Independiente (2010), Lanús (2013) y River (2014).

A diferencia de la mayoría de las finales anteriores, esta vez la Sudamericana tendrá en el cruce Independiente-Flamengo un motivo de orgullo, lo más parecido a un duelo de alto voltaje digno de la Libertadores. Una llave a la que el Rojo llega después de cumplir una serie de factores determinantes, que se iniciaron el día en que Ariel Holan , con la opinión pública en su contra, puso un pie en la ciudad deportiva de Villa Dominico.

La historia como eje

Lo primero que hizo Holan al llegar fue recurrir a la historia. En su primer contacto oficial como entrenador de Independiente, mientras era mirado de costado por varios de sus colegas, dijo que su estilo estaba intrínsecamente relacionado con el ADN que hizo grande al club. Hincha de los Rojos desde muy pequeño, criado bajo una forma de jugar, el entrenador tuvo una ventaja que sus antecesores no: supo, como muy pocos, cómo adaptar la fórmula del paladar negro al fútbol moderno. El entrenador terminó ganándose el respeto general con la denuncia por presunta extorsión contra Pablo “Bebote” Álvarez, algo que ningún otro entrenador hizo.

El pasado, fuente de consulta

En su búsqueda por recurrir a los mejores momentos de la época dorada de la institución, Holan, a diferencia de lo que hicieron otros entrenadores, les abrió la puerta del vestuario a las glorias del club. Pancho Sá, el Chivo Pavoni y Ricardo Bochini, con quienes suele almorzar a menudo, formaron su guardia pretoriana. Los tiene en cuenta, los consulta, los hace sentir importantes. Bochini, incluso, tomó la decisión de acompañar al equipo en cada entrenamiento, algo inusual en el máximo ídolo, bastante crítico en etapas anteriores.

La sangre nueva

Acorralado por la falta de refuerzos, uno de los grandes méritos de Holan fue haberse animado a jugar con varios chicos del club en un momento muy complejo. Los jóvenes que se formaron en la institución le inyectaron al plantel un sentido de pertenencia decisivo para encontrar el estilo. Fabricio Bustos, Alan Franco, Martín Benítez, Gastón Togni, Ezequiel Barco y varios más le dieron la esencia empírica. Ellos siempre supieron cuál era el núcleo de la célula de Independiente.

Un plantel comprometido

Independiente tiene uno de los grupos más positivos del fútbol argentino. No hay antecedentes cercanos, por lo menos en esta parte de Avellaneda, de un plantel con tanto equilibrio como el que logró construir Holan. Nicolás Tagliafico, el capitán, supo cómo reunir las partes para unir al Rojo. Walter Erviti, uno de los jugadores que menos minutos tiene, en vez de molestarse con el entrenador por su falta de rodaje, eligió el camino de la tolerancia. Dejó su ego a un costado y supo que otros compañeros estaban en un mejor nivel. Nadie duda de la idea que propone el DT.

La gratitud de los hinchas

La identificación que ha logrado este equipo con los hinchas es la prueba más clara de que se tocó la fibra íntima del club. Los simpatizantes de mayor edad, siempre críticos con los entrenadores de turno, vieron por primera vez en mucho tiempo que Independiente estaba dando pasos directos hacia la recuperación de su estilo. Detalles como el saludo histórico, que nació en la década del 60 y que a esta altura ya es una marca registrada, sirvieron para recurrir al recuerdo.

La obsesión por la Libertadores

Hay algo especial entre Independiente y las competencias internacionales. Los Rojos tienen una relación tan estrecha con la Libertadores que, cada año, entrar en el certamen más importante del continente es uno de sus principales objetivos. Ganar la Sudamericana, además del título en sí, le permitirá ingresar de manera directa a ese torneo que tanto lo desvela.

El proyecto, la piedra angular

Ninguno de los puntos anteriores hubiera tenido sentido sin un proyecto global que los respaldara. Holan, incluso antes de asumir, ya sabía qué tenía que hacer. No descuidó ningún detalle. Le dieron la oportunidad que buscó durante toda su vida y no la quiere desaprovechar. Esta noche, desde las 20.45, en el Libertadores de América, buscará dar el primer paso para meterse en la historia a la que él apeló. (lanacion.com)

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