COPA LIBERTADORES: Boca lo ganó en la última por Tevez y dejó abierta la chance de ver un Superclásico en octavos

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Se lo dio vuelta a Atlético Paranaense y ganó el grupo G. Así, podría darse un duelo con River, que quedó en el bombo de los segundos junto a San Lorenzo y Godoy Cruz, los otros argentinos clasificados.

Ese grito agónico de Tevez, lleno de rabia en otra noche copera de Boca, es una pintura ideal de este equipo lleno de historias de mística a lo largo de su vida. El 2 a 1 también envió un mensaje. No hay temor de jugar con el que toque, sea River el que espere o cualquier otro en la tabla de segundos. No se especula cuando se tiene en el pecho un escudo con 68 estrellas bordadas. Y el grito de Tevez, justo de él, ese emblema que está cerca de su retiro, transformó la jornada de lluvia en carnaval. Acá está Boca. Otra vez en octavos como en las últimas 15 ediciones. Ahí va de nuevo, incansable, como le sale, con mucho corazón, en la búsqueda de su séptima Libertadores.

En esa primera tapa, al igual que el partido que se jugó en Brasil, Boca mostró los dientes en el primer cuarto de hora. También expuso que su idea era ganar para quedarse con el grupo. Ahí sí corrió y arrinconó a Paranaense contra Santos. Con Zárate con intentos lejanos, con Benedetto merodeando el área chica y con Buffarini posicionado como un extremo bis. Pero eso duró apenas un rato. La mejor manera de ilustrarlo fue que en esa banda derecha ya no era el lateral quien parecía una extremo sino el extremo, Villa, se sumó a la faceta defensiva. Nunca el colombiano se impuso en la velocidad.

Ordenado, con Wellington como su eje, este buen equipo de Tiago Nunes fue poniendo en aprietos a Izquierdoz y Lisandro López al saltear el mediocampo que construyó Alfaro para no padecer antes que para elaborar. Al cabo, ahí de muestras las intenciones. Ante la salida de Bebelo Reynoso por lesión, la decisión fue incluir al juvenil Almendra para rodear a Marcone y Nandez. Entonces Boca batalló bastante más que lo que jugó sobre la pesadez del campo.

El resumen de esos primeros 45 minutos fue que el local apenas ofreció un disparo de Zárate y otro fallido de Benedetto, quien terminó con una lesión en su aductor derecho. ¿Será que el poderío ofensivo se diluye contra conjuntos más sólidos? ¿Puede crear opciones sin futbolistas que se asocien desde el mediocampo? Las dudas quedaron flotando en el húmedo aire de La Boca.

La segunda mitad se jugó como lo quiso Paranaense. Con el oficio de Lucho González y también con la paciencia de un conjunto que se conoce de memoria desde hace un año, creció en las asociaciones entre Rony y Nikao. En ese juego de ansiedades, para colmo, Alfaro metió a Pavón y sacó al chico Almendra. A veces buscar más es descuidar el manejo. Eso ocurrió. Los de Brasil se hicieron dueños del juego y aunque el gol llegó por un grosero error de cálculo de Andrada -y esa palomita de Marco Ruben, autor de cuatro goles en dos partidos ante este Boca-, la visita había acumulado volumen de fútbol como para crecer en la cancha.

Fueron minutos de puro toqueteo de Wellington y compañía. Y hasta el descontrol de Boca invitaba a repensar si el cambio ofensivo no había resultado contraproducente. Y más: el ingreso de Tevez por Villa no estaba en el manual de lógica de un partido así, con los de Alfaro sin el control de su mediocampo. Justo en ese instante apareció el gol de Lisandro López que se celebró con el desahogo de quien sabe que no estaba en partido y se topó con el empate.

Tevez tomó rápido la pelota y la llevó al mediocampo. Quedó claro entonces: incluso con sus errores y limitaciones, Boca siempre buscó ganar. Sin hacer cuentas a futuro ni analizar rivales.

El partido cayó en modo “noche de Copa”. Se peleó y se disputó en cada centímetro de la cancha. Ya no hubo dibujo táctico ni indicaciones precisas. Solo atacar cuando se tenía la pelota y defender cuando se debía. La expulsión de Wellington desequilibró el cierre. La obligación y la ventaja numérica lo llevaron a los de Alfaro a empujar hasta el final. Hasta que apareció Carlitos, Carlos, Tevez. Ese que con su gol y su partido dejó un mensaje inequívoco. A los 35 años tiene mucho más para ofrecer. (clarin.com)

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