DATO: Un 30% de los adultos mayores quiere estudiar

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Según un estudio realizado por el Barómetro de la Deuda Social de la UCA 1.800.000 personas de más de 60 años tiene deseos de formarse.

La diversidad de las disciplinas que prefieren es muy amplia, aunque sobresalen las artísticas. Las actividades brindadas por las universidades nacionales a través de UPAMI son un gran atractivo. Recomiendan ampliar las ofertas.

Los adultos mayores en Argentina muestran tener interés por la educación.
Suele decirse que «no hay edad para aprender», pero cuando se piensa en los adultos mayores muchas veces se hace hincapié solo en sus problemas de salud y se olvida que tienen interés por estudiar, inquietudes que sea la edad que sea aún quieren satisfacer.

Así lo demuestra un reciente estudio del Barómetro de la Deuda Social con las Personas Mayores de la Universidad Católica Argentina (UCA) que mostró que un 29,9% de este sector -cerca de 1.800.000 personas- si tuviera la posibilidad le gustaría formarse, estudiar y aprender.

Estos resultados, señala el informe del Barómetro, que cuenta con el apoyo de la Fundación Navarro Viola y el Grupo Supervielle, plantean un enorme desafío para una sociedad -donde crece la esperanza de vida- en un doble sentido. Por un lado en promover oportunidades educativas para que esta gran cantidad de gente mayor puedan acceder a actividades que tengan que ver con el aprender.

Por otro, en generar un marco para que más personas mayores se interesen por seguir aprendiendo, en la medida que hoy son más los que manifiestan su desinterés que los entusiastas en retomar algún tipo de estudios.

«Sin dudas que el número de interesados es importante sobre el total de unos 7 millones de adultos mayores que tiene el país», señala a La Prensa Enrique Amadasi coordinador del barómetro de la deuda social de la UCA. «Para darle una idea al lector es cómo la población de una provincia como Mendoza o el Partido de la Matanza».

– ¿Cuáles son los factores que llevan a que el adulto mayor quiera estudiar?

– Es importante ver en que tipo de persona mayor se potencia y en cuáles disminuye. Si uno lo mira con el vaso medio vacío podría decir que el 70 por ciento, la mayoría, no le interesa nada. Pero que haya un 30 por ciento que quiere estudiar es positivo. Se puede agregar que no hay diferencia de género. No es que la mujer quiere estudiar más que el hombre. Otro punto es que el interés disminuye con la edad. Si tomamos dos grupos, uno que va de 60 a 74 años, es decir quienes están en la edad jubilatoria -que son los dos tercios del total de adultos mayores-, y luego en mayores de 75, vemos que en este último grupo baja, pero no desaparece. Uno de cada 5 de los mayores de 75 años si tuviera una oportunidad tomaría una acción educativa.

– ¿Y este interés se puede relacionar con que hoy una mayor esperanza de vida?

– Se asocia a la mayor esperanza de vida, pero acompañada de cosas buenas para la vejez. Entre ellas conservar interés por cosas. El interés por la educación es un ejemplo del interés por un montón de cosas en esta edad. Esto rompe con el imaginario social donde muchas veces se dice que a la gente mayor no le interesa nada, solo piensa en sí mismo. Esto lo construimos por ignorancia pero no es así. También la investigación muestra que hay un tipo de hogar donde el interés por seguir estudiando aparece más: es el hogar donde la persona vive con su pareja, es decir una pareja de adultos mayores. Aparece el nido vacío, no están los hijos, pero entonces se potencia las ganas de estudiar. En los cien indicadores que estudiamos dentro del barómetro esta es la persona mayor que se encuentra mejor en la Argentina. No son viudos ni lo fueron y no tuvieron que irse a vivir con otras personas como pasa a veces con los mayores que se mudan con su hijo, nuera y nietos. Este tipo de hogar de pareja adultas potencia el seguir estudiando.

– ¿Esta gente que se interesa por estudiar tiene ya estudios previos?

– Acá se da una brecha. Hay solo una minoría de mayores en el país que son quienes terminaron el secundario. Cuando a esa población les tocó estudiar la escuela no era tan inclusiva como para los sub 60. Estudió el que pudo. Y esto se refleja en que quienes estudiaron más, es decir esa minoría son los más interesados en seguir estudiando. Los que tuvieron más quieren más. Haber podido estudiar potencia que a la vejez uno quiera seguir estudiando. Pero aún quienes no tuvieron la oportunidad de estudiar, les interesa. Es decir que uno de cada cinco estudiaría. No para terminar el secundario o estudiar en la universidad, sino hacer algo en materia educativa. Puede ser un curso, taller. Está muy estratificado por nivel educativo. Es decir los más interesados son quienes estuvieron sensibilizados con la cuestión educativa. Esto nos aproxima a las desigualdades sociales de la Argentina. Si uno ve los estratos sociales puede observar que a medida que aumenta el nivel económico social hay más interés.

LA OFERTA

– ¿Quiénes han pasado una vida con más privaciones tienen menos interés en estudiar?

– Sí, si uno toma el colectivo de adultos mayores, cerca de 7 millones, aparece un colectivo muy desigual como ocurre con la Argentina. Hay gente muy pobre y gente a la que le va muy bien. Entonces a la hora de estudiar eso se reproduce. Pero aún en el estrato muy bajo, uno de cada cinco si tuviera oportunidad tomaría una acción educativa.

– ¿Los adultos mayores qué eligen o les gustaría estudiar?

– La diversidad de cosas que les gustaría hacer es enorme. Casi les interesaría cualquier oferta educativa. Hay desde quienes quieren estudiar peluquería a quienes quieren hacer un curso de historia de la filosofía. La única área que es compartida por ricos, pobres, estratos medios es la educación artística. El arte es el área más inclusiva para las personas mayores a la hora de estudiar o tomar talleres.

– ¿Y que pasa con la oferta? ¿Hay cantidad, cursos diversos para personas mayores?

– En la encuesta preguntamos si había hecho alguna experiencia educativa en el último año. Ahí aparece que los interesados en estudiar son un 30 pero quienes tuvieron una experiencia educativa solo son el 10 por ciento. Lo bueno es que 10 por ciento igual es mucho. Son cerca de 700 mil mayores que hicieron una experiencia educativa. Y esto tiene que ver con la oferta. En este sentido siempre sobresale la ciudad de Buenos Aires. Aquí se ve donde hay más interesados, donde hay más gente con experiencia educativa siendo mayor, y esto tiene que ver también con la oferta. Hay más oferta que en otros lados. ¿Dónde hicieron esa experiencia educativa? La mitad en el circuito privado. Gente que paga y consume acciones educativas pagando de alguna manera. Y la otra mitad son acciones del estado, es importante el peso del estado, un 50% también. Básicamente estos adultos mayores estudian a través de Upami. Hay que destacar que Upami es un programa que pasa casi como política de estado. Entre tanta lucha política y desvalorización de uno y otro lado acá tenemos un programa creado hace 10 años por el gobierno anterior, donde el gobierno actual lo apoyó y continuó y los resultados son buenos, va creciendo. Este es un convenio entre el PAMI y las universidades nacionales. Entonces tiene la grandeza y los límites de las universidades nacionales. Llega a los lugares donde hay una universidad nacional. Por ejemplo está en Mar del Plata y entonces el adulto mayor puede tomar el curso porque ahí en esa ciudad hay universidad nacional. Pero en ciudades como Necochea, Lobería y otros distritos de la zona donde hay muchos adultos mayores también, ahí no está Upami porque no está la universidad nacional.

– Estaría bueno entonces que el sistema pudiera ampliarse

– El sistema de universidades nacionales que es muy extendido y ha crecido mucho funciona en cincuenta lugares. Hay 50 universidades nacionales. Pero lugares importantes donde vive gente mayor hay 500 en la Argentina. Es decir que vamos en buen rumbo pero hay que ampliarlo.

– ¿Si la gente mayor tuviera más lugares para poder estudiar cree que habría más interesados?

– Si se quiere empezar un camino marcado por el estudio está bueno contactarse con Upami. Hay una oferta variada, rica y permanente. Si se vive en otros lugares hay que buscar un equivalente, ahí debería actuar el gobierno tal vez municipal, las iglesias, para hacer lo mismo que las universidades. Es cuestión de replicarlo.

UN PROYECTO

– ¿Y qué pasa con los mayores más desprotegidos que son quienes menos interés presentarían para estudiar? ¿Cómo se los puede incentivar?

– Tenemos la suerte que la seguridad social en la Argentina es universal, nadie está excluido del sistema jubilatorio, Pami llega a todos. O sea que vía Pami se puede hacer mucho. Habría que plantear etapas. Primero satisfacer las expectativas educativas de todos aquellos que teniendo vocación educativa hoy no pueden satisfacerla. Y después preocuparnos de que la gente que no le interesa estudiar le interese.

– ¿Cuál es el valor del estudio para una persona mayor? ¿Ayuda a una mejor calidad de vida?

– Más allá del contenido, es decir la importancia del mismo en sí, es una excusa para la sociabilidad. Para salir de casa, arreglarse, para encontrar otros jubilados, conocer gente nueva, tomar un cafecito a la salida del curso. El tema es la red, que permite salir del aislamiento. Lo importante es tener un proyecto, no importa cual. Sea el curso que sea, lo bueno es que el estudio se convierte en un proyecto.

En la Capital Federal es donde aparece una mayor presencia de adultos mayores en cursos

Interesa también a los de más de 75
Si bien el interés por formarse o seguir estudiando es menor entre las personas mayores que entre la población adulta no mayor (de 30 a 59 años), su incidencia es muy importante: 29,9%. En cifras absolutas, se trata de 1.800.000 personas mayores que, si tuvieran la posibilidad, les gustaría formarse, estudiar, aprender.

El interés por seguir formándose manifestado en el 29.9% de las personas mayores -según el estudio de la UCA- presenta a nivel de regiones urbanas la siguiente incidencia: es más elevado en Ciudad de Buenos Aires (44%) y en las ciudades medias del interior (33,1%) respecto del conurbano bonaerense (20,9%).

Por su parte, al momento de tener en cuenta el estrato socio-ocupacional de referencia se observan las siguientes diferencias: manifiestan mayor interés en seguir estudiando o formándose quienes pertenecen al estrato medio profesional (51,9%) y al estrato medio integrado (38,3) en contraste con el 17,5% de quienes pertenecen al estrato bajo marginal.

Quienes han participado en forma efectiva de alguna actividad formativa en el último año también presenta diferenciales a nivel de regiones urbanas, siendo destacable su incidencia en CABA (27,6%) muy por sobre el resto de las regiones.

En cuanto al estrato socio-ocupacional, las personas mayores que han participado de alguna actividad formativa son más en los estratos medio profesional (30,4%) y en menor medida, en el estrato medio integrado (17,5%).

También es una referencia que esa participación de las personas mayores durante el último año en actividades, talleres o cursos formativos se haya realizado en el 50% de los casos en instituciones privadas, el 40,8% en una institución pública y el 9,2% en una ONG, organización barrial o fundación.
Respecto de la edad, hay otro punto interesante: si bien el interés disminuye con la edad -uno de cada 3 en el grupo de 60 a 74 años, 1 de cada 5 en el grupo de 75 años y más- no puede pasarse por alto que aún después de los 75 años hay un 22,8 que preferirían -si tuvieran la posibilidad- seguir estudiando algo. Las cifras absolutas impactan: se trata de 450 mil mayores de 75 años.

En cuanto a género no hay grandes diferencias:representan al 31,4% de las mujeres mayores y el 28% de los varones mayores. Es decir que tanto a varones como a mujeres les entusiasma seguir formándose si tuvieran esa posibilidad.

El tipo de hogar, en tanto, tiene su peso a la hora del interés por seguir estudiando: los que viven acompañados exclusivamente por personas también mayores son los más interesados (34,4%).

Este resultado es consistente con tantos otros del estudio que muestran que este arreglo residencial es el que acompaña las mejores condiciones de vida. En cambio, no hay diferencias a la hora de estudiar entre quienes viven solos y los que conviven con sub 60 (hogares multipersonales mixtos). No es que entre los que viven solos hay un mayor interés por las actividades formativas.

El interés por estudiar va decayendo a medida que se desciende en el estrato social

Historia del arte, música e idiomas entre los preferidos
Las credenciales educativas obtenidas seguramente cuando no se era aún mayor tienen su influencia a la hora del interés por seguir aprendiendo ahora de mayores: es de 38.7% entre los que tuvieron mayores oportunidades educativas -secundario completo y más- y de 22,7% en el resto.
Aunque la diferencia es significativa, -según destaca el estudio del Barómetro de la Tercera edad- no debe ocultar que en una sociedad como la argentina donde la gran mayoría de las personas mayores tiene como máximo el nivel secundario incompleto haya un 22,7 por ciento interesado en actividades educativas, si tuvieran esa posibilidad.

En el estudio se señala que el nivel educativo alcanzado no sólo es importante para atender a los distintos puntos de partida educativos de unos y otros. Sino también para pensar programas, materiales y formatos diversos según sean más bien propios de un nivel básico, de educación secundaria o de nivel superior.

Al igual que en otros puntos la investigación además muestra que el nivel educativo abre una ventana de desigualdades entre niveles socioeconómicos. También a la hora de aprender, esta desigualdad estructural se hace muy visible: a medida que se desciende en la estratificación social, también desciende el interés por seguir estudiando.

Aparecen entonces, desniveles importantes: mientras en el nivel medio alto son el 53%, en el medio bajo desciende al 32,4%, en el bajo desciende al 27,2% y llega a un mínimo en el muy bajo con el 20%.

Todo esto no debe opacar que aún en el nivel muy bajo hay una de cada 5 personas mayores que les gustaría seguir estudiando, si tuvieran la posibilidad.

¿Qué pasa con las preferencias de las personas mayores a la hora de elegir que estudiar? Según la encuesta el campo más mencionado del aprender es el de la educación artística, que incluye tanto a la música como a las artes visuales, siendo estas últimas más mencionadas que la música. Dentro de las artes visuales, la pintura es la preferida, seguida por el dibujo y la escultura.

La música es mencionada en general, sin especificaciones, excepto menciones concretas a aprender a tocar el piano. Dentro de la educación artística también hay preferencias por historia del arte.
Sobre esta preferencia no hay brecha de género: les interesa tanto a mujeres mayores como a varones mayores. Esta vocación reúne más a gente en sus 60 que en sus 80.

Predominan los más educados, es decir los que tuvieron más posibilidades educativas (secundario completo y más). La relación con el nivel socioeconómico no es tan clara: hay tantos interesados del medio alto como del medio bajo y del bajo. En términos territoriales, una gran cantidad de interesados en este campo provienen de los grandes aglomerados del interior.

También aparecen como frecuentes, aunque no tanto como en el de educación artística, las preferencias de las personas mayores por estudiar idiomas extranjeros. El más mencionado es el inglés, seguido de lejos por el portugués.

A diferencia de lo señalado para educación artística, en esta elección hay una mayor preferencia de las mujeres. Y el nivel educativo alcanzado tiene más peso: el interés por los idiomas extranjeros es mucho menos frecuente entre los de menor nivel educativo, que son la mayoría de personas mayores.

El peso del nivel socioeconómico es muy importante: casi la mitad de los interesados por los idiomas son del estrato medio alto. No es algo que interese en el muy bajo. También la importancia de los grande aglomerados del interior, aunque sigue siendo importante, es menor que la señalada para educación artística.

Aparece además el deseo de varios encuestados, si tuvieran la posibilidad, de estudiar una carrera universitaria completa. Abogacía es la más mencionada. Incluso muchos contestaron que les gustaría estudiar específicamente Derecho de familia, un campo cercano a los intereses de las personas mayores.

Otra carrera bastante mencionada es medicina. El cuadro se completa con menciones también frecuentes a otras carreras del área de salud, como odontología y kinesiología. (laprensa,com)

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