Una española en Israel: "Aquí los niños también se hacen pis encima por el miedo"

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ISRA ÁLVAREZ

  • El conflicto palestino-israelí se ha recrudecido en los últimos días, en los que la peor parte se la ha llevado la Franja de Gaza, con al menos 227 muertos.
  • Sin embargo, los israelíes también viven con el miedo de ser alcanzados por alguno de los cerca de mil cohetes que Hamás ha lanzado hacia Israel.
  • ’20minutos’ habla con tres personas de origen español que viven en Israel y que cuentan cómo es su día a día y cómo viven la situación.
  • Testimonios de Gaza: «Mis hijos me ven como si fuera Superman y no puedo hacer nada». 

Refugio anti cohetes en Israel

Desde que comenzó el último enfrentamiento entre Israel y las fuerzas radicales de Hamás el ejército israelí ha atacado sin descanso la Franja de Gaza, dejando un saldo de al menos 227 palestinos muertos, muchos de ellos civiles y decenas de niños, y cerca de 1.600 heridos, una situación que viven trágicamente los palestinos y los españoles que viven en la Franja.

El motivo esgrimido por las Fuerzas de Seguridad de Israel para sus bombardeos es evitar el lanzamiento de cohetes desde Gaza hacia Israel, un lanzamiento que Hamás ha llevado a cabo sin descanso. En apenas nueve días más de un millar de cohetes han impactado o han sido interceptados en territorio israelí, en un perímetro en torno a Gaza en el que viven unos cinco millones de personas.

Entre ellas está María (nombre ficticio, prefiere no dar su nombre real), de origen español, madre de dos hijos y que lleva años trabajando para una institución de enseñanza de la capital, Tel Aviv. María, en conversación telefónica con 20minutos, describe la situación y la vida del día a día en Israel como «bastante fea».

María cuenta que en la capital suenan las alarmas hasta tres veces al día, y han de correr al refugio. «En mi empresa tenemos un refugio en el sótano y tenemos que ir allí todos los días. Ahora tenemos una colonia de alumnos de vacaciones y el primer día les explicamos que tenían que correr al refugio cuando oyeran las alarmas», rememora.

Su vida ha cambiado desde que comenzó esta oleada de violencia: «Mi madre tiene 82 años y no puede andar, así que ahora está en mi casa, más al norte, porque ella vive más al sur y los cohetes allí llegan antes«.

Los cohetes que Hamás lanza no disponen de ninguna tecnología. Son proyectiles de fabricación sencilla, apenas cilindros de metal con aletas estabilizadoras, con el combustible que los propulsa y una carga de explosivos. El lugar donde caen depende de su alcance, de la dirección que se les de y de la parábola con que se lancen, además de estar sujetos al efecto del viento y la climatología. Por eso el lugar donde estallarán queda prácticamente al azar.

El ejército de Israel cuenta con una tecnología llamada Iron Dome (cúpula de hierro), un sistema anticohetes que detecta los lanzamientos y dispara misiles Tamir, que interceptan y derriban los cohetes de Hamás antes de que lleguen al suelo. Sin embargo, su efectividad es limitada y los proyectiles siguen impactando.

«Ayer cayó un cohete en una escuela. Mis hijos van a una colonia de vacaciones a un colegio, podría haberles caído a ellos«, dice angustiada María, que añade que «los niños israelíes también se hacen pis encima y no pueden dormir. Hay gente con ataques de pánico sin poder salir de su casa». De hecho, la primera víctima mortal israelí falleció este miércoles, cuando un voluntario que llevaba comida a soldados del ejército israelí murió en el paso de Erez al estallar cerca un proyectil de Hamás. Pero además hay decenas de heridos.

Según el ejército israelí Hamás posee distintos tipos de cohetes, que van desde los más pequeños, conocidos como Qassam, con un alcance de unos 17 kilómetros, a los llamados J-80 o los M-302, que pueden alcanzar hasta 160 kilómetros, lo que pone al alcance de los proyectiles de Hamás a la capital de Israel, Tel Aviv, donde viven cerca de cuatro millones de personas y a casi todo el país, aunque los más comunes son los M-75, con un alcance de 75 kilómetros y capacidad para cargar 60 kilos de explosivo.

Correr al refugio

En todas las ciudades israelíes hay un sistema de alarma que avisa a la población del lanzamiento de cohetes mediante sirenas, además de una aplicación móvil que advierte de los lanzamientos. Desde que empieza a sonar pueden pasar desde los 15 segundos que tarda en llegar el cohete desde Gaza a ciudades próximas como Sderot o Ashkelon al minuto y medio que puede tardar a Tel Aviv.

Después de la primera Guerra del Golfo se comenzaron a construir en el país de forma masiva refugios anti-cohete. De hecho, la ley israelí obliga a toda nueva construcción a contar con uno de estos refugios, que suele ser una habitación con las paredes y el techo de hormigón de un determinado grosor y una puerta de seguridad. Sin embargo, hay decenas de miles de casas que no cuentan con refugio.

Cuando eso ocurre «las instrucciones son ir a la primera planta del edificio, se supone que es más seguro. Pero nadie te garantiza que eso sirva para algo», explica María, que añade que «dentro de los refugios suelen tenerse cosas básicas: juegos para los niños, un ventilador, algo de agua y comida…».

Si estás en la calle «lo único que puedes hacer es preguntar dónde está el refugio más cercano, o echarte al suelo, o seguir conduciendo y esperar que no caiga cerca», hace ver Sofía (nombre ficticio, prefiere no dar su nombre real), una mujer hispana de 44 años que lleva 1o viviendo en Israel. Si hay refugio, «pasamos los diez minutos aproximados durante los que suena la alarma en el cuarto y luego se espera otros diez minutos de seguridad», explica.

«Estamos acostumbrados a vivir situaciones como ésta, no nos es extraño. Esto es el primer mundo, es un país muy adelantado, con mucha tecnología, preocupado por la ecología, con muy alto nivel cultural… así que esto es un golpe muy duro, pero la gente trata de seguir haciendo en lo posible su vida normal», hace ver Sofía. Sin embargo, «se tiene miedo. Cuando estás en la calle y suena una alarma y no tienes donde resguardarte, tienes miedo», se sincera.

Es una sensación que comparte Jorge Iacobsohn, secretario de redacción del diario israelí en castellano Aurora: «La gente del sur tiene alarmas por la mañana, por la tarde, por la noche… se tienen que refugiar varias veces al día. Ha habido casas que han sido alcanzadas por cohetes, ha habido heridos e incluso un muerto, hay miedo, sí».

Conflicto militar, político y moral

«A nivel político la mayoría de la población israelí considera que Hamás es un grupo terrorista y extremista, pero hace la distinción entre ese grupo y los palestinos que viven en Gaza o en Cisjordania«, explica el secretario de redacción de Aurora. Son las dos caras de una irregular moneda: las víctimas civiles y la población castigada a uno y otro lado de las fronteras con Palestina.

«Los israelíes saben que en el otro lado también muere gente, que hay bajas civiles, mujeres y niños. Esto no es algo que se oculta, es algo que se sabe que es trágico», explica Jorge Iacobsohn, que recuerda que recientemente «el presidente Simon Peres declaró que la guerra contra Hamás en Gaza implica dilemas morales».

María, la trabajadora de una institución educativa, incide en esa idea: «La gente es gente, en ambos lados. El problema es de los políticos, de los dirigentes». María culpa a los dirigentes, pero también a quienes los eligen. «Israel permitió que Hamás se presentara a las elecciones en Palestina y los palestinos eligieron democráticamente a Hamás, deben pedir cuentas a sus dirigentes», opina.

«Hamás tiene todo su arsenal debajo de las casas de los civiles, debajo de las mezquitas, debajo de los hospitales… Es horrible que le tengas que decir a miles de personas que salgan de sus casas, pero ¿qué se puede hacer?«, se pregunta María, que reconoce que «la población palestina está entre la espada y la pared, entre los ataques israelíes y sus propios dirigentes».

Ninguno de las personas con las que ha hablado 20minutos tiene esperanza en que el conflicto acabe pronto. «No hay una solución a corto plazo del conflicto con Hamás. Lo que se ve es una repetición cíclica en la cual una operación militar aplaca las ansias de conflicto o de guerra de Hamás. Después se rearman y vuelven a tirar cohetes. La solución política no es muy clara ni factible, sobre todo teniendo un enemigo que no acepta ningún tipo de solución política», analiza Iacobsohn.



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